De amor y gobiernos


Mientras pensaba un tema para este post llegó a mis manos una frase del Maestro Confucio:

“El amor a los hombres es la mejor arma para gobernar con eficacia”

Más allá de estar de acuerdo con el pensamiento con el filósofo oriental, me interesó ver como una combinación de términos podría llegar a solucionar, o al menos encaminar, el destino de las naciones e incluso el de nuestras propias vidas.

Veamos: la primera parte de la frase dice “El amor a los hombres…”. Amar a los otros es una tarea difícil, sobre todo si nos encontramos frente a seres que nos desmerecen, nos envidian, no nos dan lo que queremos, realizan actos que consideramos malos, etc.  Pero cuando decidimos regirnos bajo los principios del autoconocimiento, elegimos re-direccionar la pregunta: ¿Puedo amar a otro si no me amo a mí mismo? ¿Puedo amarme si me doy poco valor, si arrastro culpas por errores ya cometidos, si la frustración acompaña cada uno de mis pasos, si vivo enojado o vencido?

Seguramente nos encontraremos con personas que dirán cosas como: “Yo aprendí a amarme, a darme un lugar, antes me dejaba pisotear y ahora no permito que nadie lo haga”.  No sé ustedes, pero yo detrás de esas respuestas vislumbro dolor y/o enojo.  ¿Por qué será que los seres humanos vivimos saltando de un extremo al otro? ¡Cuánto nos cuesta el justo medio!

Creo que si todo el día sólo pienso en mí, en lo que necesito, lo que me conviene, me alejo del sendero que me lleva al amor.  Aunque muchos terapeutas -con los que disiento, claro-  lo elijan como camino para ayudar a sus pacientes.  Hasta donde conozco el desarrollo del egoísmo nunca ha llevado a nadie a la felicidad…

Una clave la dio el Maestro Jesús cuando dijo “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. ¿Será que en ese mismo acto de amar a quienes nos rodean, nosotros aprendemos a amarnos? ¿Será que al dignificar al otro, nos dignificamos?

Continuando con el análisis. En otra parte de la frase  Confucio utiliza la palabra gobernar y lo hace como sinónimo de “guiar”. Llevemos esto al ámbito escolar: cuando un alumno es etiquetado por quienes lo guían como un “caso perdido o irrecuperable”, en ese momento ¿está siendo amado por los adultos que lo describen de esa forma? ¿Ustedes qué creen? Cuando un padre trata todo el tiempo a un hijo de inútil ¿ese adulto está capacitado para guiarlo? En una Nación ¿puede un mandatario gobernar a su pueblo con rectitud y eficacia si se mira sólo el ombligo o si vive permanentemente en un estado de enojo, rencor, egoísmo o a la defensiva?

Todos sabemos que no es fácil amar, como tampoco lo es guiar a otros.  Pero no hay que desanimarse, la tarea debe ser realizada. Por eso una manera de enfrentar esto es conocernos a fondo, aceptar lo justo y lo injusto que hay en cada uno de nosotros e  intentar cambiar lo que opaca nuestra luz.   Y cada vez que tengamos en nuestras vidas el compromiso de guiar a otros o gobernarlos, debemos aprender a poner en funcionamiento nuestra mente junto a nuestro corazón, porque como dice DK : “El corazón y la mente al unísono despertarán en nosotros la sabiduría.”

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