Hoy: yo – ello o superyo


Anhelo Servir

Las sociedades sin proponérselo  van rescatando palabras y utilizándolas, teniendo en la mayoría de los casos, apenas una pequeña noción de su verdadero significado.  De una u otra forma, éstas toman dominio público  y comienzan a formar parte del inconsciente colectivo social.   Entre esas palabras se encuentran términos como “Yo –  ello   y  Superyo”  provenientes de la Teoría de Freud.  Mi intención es definirlas de una manera clara y sencilla, porque considero que estos conceptos, los conozcamos o no,  condicionan la psiquis de todo hombre.

Los seres humanos  nacemos  indefensos pero también muy pedigüeños.   En ese primer tiempo somos  uno con mamá y todo lo que nos rodea está  para cubrir “nuestras” necesidades.  Tenemos  baja tolerancia a la frustración, entonces si mamá o quien nos cuida no entiende nuestro pedido, lloramos desconsoladamente.

Dicho de otra forma: el bebé necesita comer, por ende, un gran caudal  de energía sube y la única forma de que baje y desaparezca es dándole el objeto necesitado o deseado.  Esta primera instancia está comandada por el “ello”.

¿Este comportamiento del bebé les resulta parecido a alguna conducta adulta?  Pues sí, cada vez que los adultos buscamos desesperadamente cubrir las urgencias provocadas por nuestras necesidades o deseos, estamos intentando bajar ese  nivel de energía que nos provoca  insatisfacción, inseguridad o ansiedad,  así estamos reviviendo ese tiempo primitivo.

A medida que vamos creciendo aparece el “yo” y surge así una incipiente identidad,  que nos permite ir reconociendo nuestro espacio en el mundo, ya separado de los seres que nos rodean.  En ese tiempo el niño debe aprender a esperar para recibir lo que necesita o desea.   Es tiempo de reconocimiento de sí mismo,  de sus cosas y de las ajenas.

La tercera instancia a incorporase viene de la mano de las reglas familiares que se van trazando a medida  que el niño crece.  Son los padres los primeros encargados de enseñar lo correcto y lo incorrecto, modelando así lo que será su conciencia moral o  Superyo.

Como verán hay de todo y para todos.  Lo que tenemos que tener en cuenta es que estos tres aspectos que manejan nuestra psiquis  no desaparecen cuando crecemos, viven y conviven generándonos muchos problemas si no sabemos darles el lugar que le corresponde a cada uno, sin negar ni destruir  ninguno.  La tarea principal consiste en averiguar si nuestro “yo” vive bombardeado por el “ello” o por el “superyo” y en ese caso fortalecerlo.  Para trabajar en esto las preguntas que podríamos hacernos son:

¿Soy demandante, ansioso,  vivo presos de mis necesidades y deseos? ¿Los términos “quiero, dame, mío, a mí” salen frecuentemente de mis labios? ¿Transito mi vida pensando en lo que esta por venir?.  (“Ello” en acción desmesurada)

¿Vivo juzgándome  y buscando un ideal de perfección inimaginable en este mundo manifiesto o por el contrario me he vuelto juez de las acciones ajenas? ¿Sólo tengo  la capacidad de reconocer las equivocaciones en otros?  ¿Me he vuelto un ser obsesivo y controlador de  palabras, sentimientos y acciones?  (El “Superyó” no me da respiro).

¿Soy de los seres que vive justificando ante otros  sus acciones?  ¿Le temo al que dirán o a hacerme cargo de mis propias decisiones? (“Yo” débil, con algo de conciencia pero aún gobernado por una u otra instancia).

Sueña terrible pero no hay que asustarse.  El equilibrio psíquico se logra buscando nuestra identidad.  Sabiendo ¿Quién soy, qué virtudes practico y que vicios tengo aún por transformar?.   No existe un  “yo” más fortalecido que aquel que conocer su verdadera naturaleza (animal y divina), la acepta y trabaja por mejorar sus  aspectos más oscuros.

No nos detengamos en el camino de la vida, una vez que somos conscientes de los excesos o falencias que posee nuestra naturaleza, trabajemos incansablemente en fomentar todo aquello que nos va a permitir salir del fango donde hemos quedado empantanados.

Las necesidades y deseos, en su justa medida, deben ser los motores que nos permitan superarnos y transformar los aspectos menos beneficiosos de nuestra personalidad.  La conciencia moral puesta al servicio del bien,  debe ser el faro  que guie  nuestros pasos, para que  ningún  bienestar  propio sea a costa del dolor  ajeno y ninguna acción  externa lacere nuestro espíritu.

Confíen en sí mismos, en sus fuerzas, en sus capacidades. No existe nada superior al poder de nuestra mente.  Dense la oportunidad de cambiar  y por el solo hecho de intentarlo, la felicidad formará parte de sus vidas.

2 Respuestas a “Hoy: yo – ello o superyo

  1. Una gran definición.

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