Un tsunami emocional


Si nos detenemos a observar los fenómenos de la naturaleza, ésta siempre tiene muchas cosas que enseñarnos.  Desde su movimiento cíclico, que marca cómo todo inevitablemente está conminado a cambiar;   hasta sus impetuosidades, muestra clara de que cada uno de sus elementos en exceso es capaz de destruirlo todo sin ninguna piedad.

Tenemos por ejemplo el caso de los tsunami,  que arrasan con furia  lo que se presenta a su paso, pero primero se retraen intensificando sus fuerzas, para luego salir a desbastar.  ¿Cómo no compararlos con nosotros?  ¿No hacen lo mismo nuestras emociones cuando están descontroladas?  ¿No se amontonan en nuestro fuero interno generando cada vez más amplitud y calor para luego salir a mostrarse ante el mundo?

¿Cuántas veces fuimos artífices con nuestro descontrol de la misma destrucción?.   Los que tenemos buena memoria seguramente recordaremos algún episodio donde ninguna lógica, ni razonamiento fueron capaces de controlar la necesidad de desbastar al otro a través de la palabra o el lenguaje gestual,  al sentirnos estafados o aniquilados por su manera de proceder. Pareciera como si ese impulso irrefrenable de destruir fuese el único camino que encontramos para calmar nuestro profundo dolor.

Pero no siempre los tsunami emocionales son visibles,  hay quienes los guardan celosamente para destinarlos a lacerar cada parte de su propio ser,  llenándose de reproches y un sinfín de culpas, que nublan su mente y poco colaboran en el proceso de rectificación o transformación.

Sin importar de que tipo de tsunami estemos hablando, llevara mucho tiempo despejar el caos que deja y mucho más  recomponer lo desecho, ya sean casas, autos, relaciones o nuestro propio yo.

Una vez pasado el momento, si intentamos reconstruir basándonos en parámetros viejos y conocidos es síntoma de que las causas no fueron comprendidas y que vamos nuevamente a repetir la historia.

¿Qué hacer entonces?   No hay una receta mágica.

Podría decirles con certeza que el quedarse lamentando el hecho eternamente impide seguir adelante y no ayuda a resolver.

Que analizar indefinidamente las causas nos sumerge en laberintos sin salida y muy lejanos de cualquier solución.

Mientras que negar lo sucedido, huir de los recuerdos no hace más que alargar el sufrimiento porque todos internamente sabemos lo que tenemos “pendiente”.

Por otro lado, juzgarse en forma excesiva por la falta de control expresada sería no tener en cuenta que aquel que decide caminar en la vida siempre corre el riesgo de caer.

Así como sentirse desfraudado por las conductas ajenas y culpar a otros de nuestro dolor anula la posibilidad de entender que somos los responsables de nuestras elecciones y que nadie tiene la obligación de ser lo que esperamos o de actuar como nosotros lo haríamos.

Quizás,  cuando las aguas de la emoción bajan, es tiempo de replantearse desde qué lugar vemos las situaciones y cómo realmente son o ¿por qué, si sabíamos que las cosas no estaban bien,  elegimos acumular enojo o dolor dentro nuestro para luego dejarlo salir de una manera brutal?

En nosotros siempre están las respuestas, no las busquen afuera; tenemos la libertad de negarlas, podemos mirar para otro lado pero allí están, esperando que tengamos la valentía de darles entidad.

Conocerse, aceptarse es un proceso lento, que nadie puede hacer por nosotros, pero les aseguro que es altamente beneficioso saber cómo somos. Cuando un ser humano ha visto sus puntos oscuros decidiendo trabajar para ponerles luz y cuando ha logrado vislumbrar su grandiosidad, los tsunami en su vida se van lentamente espaciando.  Va a tener días de sol, días nublados, tormentosos y hasta de granizo pero nunca más será capaz de azotar a nada ni a nadie.

Para reflexionar:  Luego de los tsunamis que provoca la naturaleza se buscan y Anhelo Servirestudian las causas.  En los que generamos,  la mayoría de las veces, las causas se relacionan con sueños, ilusiones y fantasías gestadas por nuestra imaginación, por ende muy distantes de la realidad.

Por eso, cuando podamos volver a pararnos y decidamos nuevamente empezar, tengamos presente que sólo permanece con Vida. que sólo sigue de pié lo que se gesta con el Alma, porque únicamente allí reside la eternidad.   El resto, como dice el Maestro Krishna,  ha venido a “perecer”.

4 Respuestas a “Un tsunami emocional

  1. Esto es exceelenteeeeeee!!!!
    Me gustó mucho eso de : Reconstruir, a partir del reconicimiento de qué no de quién y para qué se produjo eso en mi vida. Conocerse y aceptarse… Reconocer nuestros puntos oscuros, para darle Luz, no para culparnos, si no transmutarlos… es fantástico y tarea de valientes!!! Y volver a pararse …

  2. Muchas gracias por tus palabras!!! Muy buena síntesis!!

  3. Increible lo que escribiste!!!!. Que palabras tan profundas y claras a la vez!!!!

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