El eterno adolescente


Siguiendo con los ciclos de la vida, hoy nos toca hablar sobre el maravilloso y tumultuoso tiempo adolescente.

i1068262111349Todos esbozamos una sonrisa cuando vienen esos recuerdos plagados de amistad, experiencias nuevas, tiempos libres llenos de proyectos.  Y es genial que así sea, el problema se instala cuando un adulto desea no haber salido nunca de allí y hace todo lo posible por volver a cualquier costo. Eso sucede cuando considera esos momentos como los mejores de su vida, atesorando cada situación vivida y cada fantasía como la única experiencia de felicidad de la que tiene memoria.

Obviamente es imposible hacer retroceder el reloj pero también es cierto que se puede vivir desfasado del tiempo real, tener 30 y vivir como si fuera de 18.

Lo curioso, lo veíamos la semana pasada, es que cuando los seres se quedan detenidos en su crecimiento emocional hacen perpetuar conductas que yo calificaría como poco productivas para su vida.   Conservan el capricho, las niñerías,  la rebeldía, el sentir desenfrenado y un egoísmo innato, que cuadraba muy bien sólo bajo esas circunstancias, pero se olvidan de resurgir la mirada de asombro puesta en el futuro, las ganas de vivir intensamente cada día, los tiempos donde el amor y lo compartido tenían un valor.

Quienes aún poseen una mente adolescente sienten que crecer es sinónimo de sufrir, no ven que la toma de decisiones y las renuncias naturales que un ser debe realizar son piezas fundamentales en su acceso a la adultes y que para que la mente deje de estar en potencia y actúe es necesario que el mundo emocional ceda algo de su espacio.  

El adulto – adolescente asume las responsabilidades pero como éstas lo desbastan busca constantemente refuerzos que lo sostengan,  siendo válido todo lo que le permita, después de un día agotador, evadirse o descargar la tensión vivida (sexo, droga,alcohol,  playstation).

Pero la presión que más sufren estos adultos pasa por el plano afectivo, los atemoriza entregarse a una relación (cualquiera sea su formato) o ser parte de la vida de un otro.  ¿Por qué? Quizás porque temen perder su libertad, temen perderse a sí mismos en ese vínculo, lo que no se dan cuenta es que la libertad la han perdido en el momento en que decidieron no crecer.   

Ser adulto es un desafío, una aventura, es un probar diariamente nuestra fortaleza, flexibilidad, la capacidad de error y rectificación que poseemos.

Es comprometerse con la vida, esa que no viene en el formato que fantaseamos sino en el que tenemos que vivir para crecer.  Es aceptar que no siempre las cosas nos van  a salir bien pero que lo definitorio será la intención que guía nuestras decisiones.   Es tener claro que detrás de una elección hay una renuncia porque no se puede tener todo.

Es tener conciencia que podemos ser un ejemplo de vida para nuestros hijos, nietos, alumnos e incluso personas que jamás nos dimos cuenta que nos observan, en la medida en que no aparentemos ser lo que no somos, que no queramos ser lo que ya fuimos ni volver a lugares de donde la vida nos saco.  

Es entender que no existe mejor tiempo que hoy, que este maravilloso presente donde tenemos la posibilidad real de forjar lo que anhelamos Ser algún día.   

Como dice Nelson Castro en su programa (yo le voy a cambiar el día) “Hasta el próximo martes”

 

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