El principio de la libertad


LibertadEsta es una de las tres palabras o sonidos del alma.  Por lo general sólo ponemos atención en ella cuando nos falta, cuando alguien nos la quita o nos sentimos esclavos. Pero el significado sobre el que hoy quiero escribir va más allá de todo eso.

Hablo de la libertad que experimentan los que eligen tomar y direccionar las riendas de su destino, los que aceptan lo que les sucede y buscan con inteligencia emocional herramientas adecuadas para sortear “dignamente” todos los obstáculos.

Muchos autores han hablado sobre este tema, Erich Fromm   fue uno ellos, explicó maravillosamente sobre el miedo que sentimos los seres humanos cuando debemos empezar a hacernos cargo de nuestra vida. Cuenta como muchos, ante el temor que eso les genera, deciden en forma inconsciente permanecer presos de mandatos familiares y sociales para no tener que hacerse cargo o sentirse responsables de futuros sufrimientos y fracasos.

Por otro lado el Papa Francisco nos enseña una verdad que encierra una gran profundidad, dice: “La libertad significa saber reflexionar” Reflexionar es un acto puramente mental, alejado de cualquier connotación emocional, que nos permite tener un mayor estado de conciencia.  Por eso todos los sujetos que viven presos de sus emociones y que utilizan su mente con el único fin de justificar las equivocaciones que realizan, jamás entenderán la magnitud de esas palabras.

Una mente para reflexionar debe Ser libre ¿de qué? De gustos y disgustos; de conveniencias, racionalizaciones vanas;  mandatos autoimpuestos; prejuicios, esquemas fijos; de exceso de yoismo.

Ustedes dirán “Entonces nunca voy a poder realizar esa tarea”.  Si podrán, lo único que necesitan es desarrollar la capacidad de descubrir cómo sus necesidades, deseos o pensamientos egoístas los están apresando y trabajar intensamente para liberarse de ellos.

El principio de la libertad siempre va acompañado de una mente activa, dispuesta a ver, aceptar y transformar sus estructuras cada vez que estas la bloquean o no le permiten crecer como ser “humano”.

Epicteto, un filósofo griego que vivió una parte de su vida en estado de Principito_volandoesclavitud, enseñó: “¿Quieres dejar de pertenecer al número de los esclavos?  Rompe tus cadenas y desecha de ti todo temor y todo despecho”.  Claramente no se refería a las ataduras físicas sino a las mentales que sólo nosotros generamos.

La libertad es un Bien demasiado preciado para perderlo.  No permitamos que viejas formas mentales, apegos, dudas, rencores o  incluso la autoconmiseración obnubilen nuestra capacidad de pensar, impidiéndonos hacer uso del caudal de posibilidades que toda mente libre guarda dentro de sí.

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