Ser joven


EscritoMientras ponía orden en un grupo de papeles viejos encontré un escrito que al leerlo volvió a emocionarme como la primera vez, hace ya muchos años.  Y pensé el increíble poder que tienen las palabras cuando son atemporales.   Encontrarlas hoy, treinta años atrás o cincuenta después no cambian en nada su profundidad y actualidad.

Eso ocurre cuando escribimos con y para el alma, con y para corazones activos, no importa el tiempo o el espacio nos hacen vibrar igual.

Pero puede que nada de eso suceda y que nos enojemos al leerlas, nos resulten indiferentes o nos riamos de lo que esos seres expresan.  Cuando esto pasa tengamos mucho cuidado porque, para el ojo de la abuela o del buen entendedor, las palabras no sólo nos han hecho vibrar sino que no nos agrada que eso suceda y utilizamos mecanismos para salir airosos de semejante situación.

Después de esta pequeña introducción los dejo en compañía de este bello y profundo texto. Mi humilde  intención es que les sirva para la reflexión no sólo en este momento sino cada vez que sientan que han perdido el rumbo hacia la felicidad.  Considero que estas frases envuelven una gran enseñanza y espero que les sea de mucha utilidad.

Ser joven

                                                                     Ser joven

“La juventud no es un período de la vida.  Es un estado del espíritu, es el producto de una voluntad, una cualidad de la imaginación y una intensidad emotiva, es la victoria del coraje sobre la timidez, de la aventura sobre el confort.

No se envejece por haber vivido una cantidad de años.  Se envejece por haber desertado de un ideal.  Los años arrugan la piel: pero renunciar a un ideal arruga el alma.  Las preocupaciones, las dudas, los temores y la falta de esperanza son los enemigos que lentamente nos hacen inclinarnos hacia la tierra y convertirnos en polvo antes de la muerte.

Joven es aquel que se asombra y se maravilla.  El que se pregunta como un chico insaciable: “y después?”  El que desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el juego de la vida.

Uno es tan joven como su fe y tan viejo como su duda.  Tan joven como su confianza en sí mismo, como su esperanza y tan viejo como su abatimiento.

Se continúa siendo joven en tanto que se es receptivo.  Receptivo a lo que es bello y lo que es grande.  Receptivo a los mensajes de la naturaleza, del hombre y del infinito.

Si alguna vez tu corazón es mordido por el pesimismo o carcomido por el cinismo, quiera Dios, tener piedad de tu vieja alma”.

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