En la piel del otro


26329_385794414855420_1981864795_nDesde muy pequeños hemos jugado a ser grandes como nuestros padres, poniéndonos los zapatos de mamá, sus collares o maquillaje, mientras los varones usaban el perfume de papá o su ropa. Cuidábamos de la casa,  íbamos a trabajar y educábamos a nuestros niños-muñecos.  Recuerdo esos bellos momentos donde las responsabilidades, los trabajos y tareas hogareñas eran vividos con el disfrute de quien espera el día en que se hagan realidad.

Luego pasa el tiempo y a veces esfuma esa idealización, generando adultos que eligen transitar estos acontecimientos con sacrificio, insatisfacción o desgano.

Hoy sabemos que ponerse en la piel del otro no es un juego y que eso que nos fascinaba hacer de niños, por alguna razón ya no nos atrae tanto.

Quizás la falencia radica en que no desarrollamos la capacidad de disfrutar del crecimiento con sabiduría.  Parece que crecer nos pesa, nos agobia cuando debería ser todo lo contrario.  

Cumplir años a veces nos vuelve incapaces de situarnos en el lugar del otro, solo comprendemos su pesar si hemos pasado por la misma experiencia, todo es autorreferencial.  Si lo viví, te entiendo;   si lo sufrí, te consuelo.  

Y ni hablar cuando esa indiferencia se aloja en la mente y el corazón de un doctoradulto que se convirtió en profesional.  Siempre me he preguntado ¿qué esperan las grandes universidades para dar títulos sólo a quienes demuestren ser humanos? Especialmente en aquellas carreras relacionadas con la salud, cuyos egresados van a salir a atender a seres necesitados o sufrientes.  Ser buen alumno, tener altas calificaciones es tan importante como no perder el don de vincularse con quienes nos rodean.  Nadie baja de su categoría de doctor o licenciado por establecer una conexión sensible con quien atiende.

El problema es que se confunde sensibilidad con debilidad emocional. Se necesita de la sensibilidad para ejercer profesiones en las que mantenemos un contacto con personas y debemos entender que llegar a sentir lo que les pasa no es signo de debilidad sino el registro de un alma activa.

Ninguno de nosotros está obligado a contener, acompañar ni sostener pero qué distinto sería el mundo si lo hiciéramos.

Y como mejor que decir es hacer, acá les dejo un pequeño fragmento de la película”The doctor” que nos muestra magistralmente esto de lo que estuvimos conversando.  Espero que la disfruten y les ayude como a mí a reflexionar..

Gracias por estar y acompañarme en este camino conciencial!!

 

2 Respuestas a “En la piel del otro

  1. Excelente nota, me emociona!!!! Crecer y disfrutar una combinación posible , una mirada más suave y sabia. Gracias!!!!

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