¿Por qué castigamos?


Educ y castigoLas razones  son muchas y variadas.  Justificada o no nuestra conducta lo que trasmite es que, en ese momento, nos erigimos en jueces que imparten o intentan impartir justicia.

Pero ¿Se puede hacer eso cuando estamos enojados, decepcionados, abatidos o hartos? Si, se puede pero en un 99 % de las veces nos equivocamos en el dictamen. ¿Cómo darnos cuenta?  Porque también en un 99%  de las veces nos arrepentimos de lo determinado y no aplicamos el castigo impuesto.

Eso siempre sucede cuando actuamos guiados por las emociones, cuando lo que el otro hace creemos que “nos lo hace a nosotros”.  En ese momento salimos de la situación objetiva, la transformamos en subjetiva y todo se vuelve, como dice Serrat, “algo personal”.

Un ejemplo claro se ve con los hijos.  La madre viene agotada del trabajo, con miles de obligaciones aún por cumplir y el niño decide encapricharse por algo que no quiere hacer, como bañarse, a partir de ese momento todo el cúmulo de energía emocional que ésta mamá venía rumiando se descarga en gritos, insultos y por último en una penitencia que difícilmente ella misma pueda sostener.

Llevemos esto al mundo laboral, el jefe cuyos empleados hacen lo que quieren, cosa que afecta directamente su autoestima y que lo lleva a castigarlos cuando en realidad no es que estén en su contra sino que se han acostumbrado, por su profunda inmadurez, a no cumplir y a tener más presente lo que les corresponde que lo que les compete.

Cuando las cosas de la vida las circunscribimos a nuestro pequeño yo, el mundo se vuelve un lugar inhóspito y belicoso y nosotros indefensas víctimas  o grandes verdugos.

Pero ¿qué pasa si es vez de elegir castigar nos disponemos a educar?  Para eso ninos_educacion_castigo_consecuenciasdebemos dejar el método premio-castigo, también toda imposición  y centrarnos en lo que nos interesa transmitir.

Entendiendo que el otro no nos hace algo sino que en su conducta equivocada se está haciendo un mal a sí mismo.  Encontrando un espacio de diálogo o, si es necesario, de límite con el fin de que comprenda y modifique, no por nosotros sino por su bien, lo que está ejecutando.  Y más allá de lo que elija hacer jamás dejar que su actitud melle nuestra forma de proceder.

Sé que no es tarea sencilla la que propongo porque la educación que recibimos ha dejado muchas secuelas en nuestra forma de encarar la vida, de vernos y relacionarnos, pero todos sabemos que el castigo sin una toma de conciencia es una pérdida de tiempo.  Y que las palabras son vacías cuando las conductas no las acompañan porque van por otro sendero.

Por otro lado castigar cuando el sujeto reconoce de corazón su equivocación o ya está sufriendo en carne propia las consecuencias de sus actos es un error,   porque lo que a nosotros nos tiene que importar es que entienda, no que “pague” Si entiende por haber concienciado o por no querer pasar más por el dolor, buscará en su vida la manera de no transitar por los mismos errores, de esa forma se perfeccionará y algún día aprenderá a vivir menos egoísta y más humanamente.

Dejemos entonces de castigarnos y de castigar, aprendamos y enseñemos a reconocer qué mueve nuestras acciones,  fortalezcamos la voluntad para que siempre  la cuota de responsabilidad que tenemos en esta vida pese más que nuestra satisfacción o descarga personal.

2 Respuestas a “¿Por qué castigamos?

  1. Reflexiones ciertas y certeras, una combinación poderosa.
    “Cuando las cosas de la vida las circunscribimos a nuestro pequeño yo, el mundo se vuelve un lugar inhóspito y belicoso y nosotros indefensas víctimas o grandes verdugos.” Una frase para enmarcar.
    Para no circunscribir las cosas de la vida alrededor de nuestro pequeño yo, un requisito es conocerlo y comprender que ese pequeño yo no es uno mismo sino la parte de nosotros más ávida de atenciones y saciedades. Es un celoso tirano cuyo reinado pretende que sea nuestra vida. Si alguien ingresa a nuestra vida se pone a la defensiva, desconfiando del que ingresa a sus dominios. Los que están dentro de sus comarcas (los involucrados en nuestras vidas) deben amoldarse a sus designios, y sus exigencias aumentan con la cercanía hacia nosotros. Los que están fuera de sus comarcas (los no involucrados en nuestra vida) no le representan mayores peligros por lo tanto no le producen miedo ni desconfianza, casi no los considera y en algunos casos llega a la indiferencia impidiendo que actúen la solidaridad, el altruismo.
    Ese pequeño yo es importante para nosotros porque tiene una buena lectura de los peligros reales que existen y protege nuestra vida, pero suele ser un mal consejero con las relaciones humanas.
    Es fundamental conocer nuestras emociones, saber cómo se generan, cómo funcionan y cómo afectan nuestro comportamiento, al igual que es vital entender que las emociones influyen directamente sobre nuestros sentimientos. Las emociones suelen ser el paso previo al desarrollo de nuestros sentimientos. Emociones negativas generan sentimientos negativos; emociones positivas generan sentimientos positivos. Por suerte entre estas 2 instancias, emociones y sentimientos, se interpone la mente racional.
    Es hermoso leerte Silvina, induces a reflexionar y provocas emociones y sentimientos positivos. Muchas gracias.

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