La resurrección


Sabemos que El Maestro Jesús luego de ser crucificado resucitó de entre los muertos a la Vida Eterna, pensar en esto nos da la oportunidad de reflexionar sobre temas muy importantes como son la vida y la muerte, temas que todos los seres humanos deberíamos plantearnos.

GazaÉl nos enseñó el valor de la Vida y cómo ésta si bien termina en el aspecto físico sigue más allá  cuando enarbolamos y llevamos a la práctica los valores más profundos y humanos.

No morimos en el momento en que emitimos nuestro último aliento sino cuando, aún vivos, dejamos que nuestro aspecto espiritual sea aniquilado por la materialidad y la búsqueda de la eterna juventud.

Por “sentirse vivos”  muchos seres se llevan por delante todo y a todos; implorando de una u otra forma que el tiempo no avance;   permitiendo que sus ansiedades los hagan siempre estar un paso adelante mientras sus miedos los ubican dos pasos detrás… de la “nada”.

contra la vejez

Y en este derrotero tan vertiginoso avanzan sin ir a ningún lado y al final mueren sin siquiera haber entendido lo que significó la oportunidad de vivir.

¿Cómo saber si estamos vivos o muertos?  

Podríamos decir que todo aquel que sólo persigue fines materiales, egoístas;   cuyo eje de vida es él mismo, sus necesidades y deseos;  quien invierte “todo” su tiempo evitando que su cuerpo envejezca sin priorizar aspectos humanos, calidad afectiva o la entrega desinteresada en pos de otros… está agonizando.

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Y este camino errado se vuelve caótico cuando estos sujetos ven la proximidad de la muerte real, porque en ese momento perciben que les falta tiempo para hacer más cosas.  Si les preguntamos cuales, no tienen idea.  Yo les aseguro que son aquellas esenciales que dejaron de lado ocupándose de las perecederas.

Una máxima nos enseña:

“Aquel en cuyo corazón Dios de ha manifestado trae paz, alegría y deleite donde quiera que va”

La Vida es un hermoso regalo, no la malgastemos detrás de lo impermanente, no deambulemos buscando que los objetos externos nos proporcionen la felicidad, no le pongamos al cuerpo la razón de ser de nuestro existir.

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Vivamos eternamente en el corazón de nuestros semejantes, sembrando de compañía sus soledades, de palabras de aliento sus tristezas y de oportunidad sus inconvenientes.  Dejemos huellas que trasciendan nuestra existencia concreta y sean faros de luz para quienes caminan aun perdidos a nuestro lado.

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