Los eternos insaciables


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Los vemos en los trabajos, en la vida política, en la televisión, siempre queriendo
más poder, ascensos, reconocimiento público, fama.  Y obviamente uno se pregunta ¿para qué tanto?

Aun teniendo mucho, aun habiendo alcanzado cosas a gran escala, quieren más. El problema es ¿cuántas barreras sociales y morales están dispuestos a atravesar para alcanzar lo deseado y a cuántas personas perjudicarán en dicho accionar? Porque eso es inevitable, ya que en el afán de conseguir no existen límites.

berrinchesCuando un niño quiere seguir comiendo chocolate después de haber cubierto su cuota diaria es función de los padres marcar el “no” y ningún berrinche, llanto o amenaza por parte del menor debe modificar esa decisión. Tampoco debería haber una negociación prometiéndole cosas para que cese en su desborde.

Es normal que un pequeño no entienda pues lo manejan sus deseos, no hay idea aún de las consecuencias de sus actos, no existe el mañana, todo es “ya”.   Pero ¿Cómo frenar a un adulto que hace lo mismo que el niño?

Para empezar no lo debemos tratar como adulto porque no se está comportando de esa forma.  Por otro lado no podemos dejar de ver que sus carencias son tremendas y todo lo que hace es un intento fallido por cubrirlas, algo que jamás sucederá.  Cuando alguien quiere estar “por sobre todo” es porque está mucho más abajo de lo que jamás se animaría a admitir.

Llevemos este tema a algo bien concreto: cuando comemos lo que nuestro cuerpo necesita el hambre desaparece pero cuando nada nos basta,  es evidente que estamos intentando cubrir con alimentos, generalmente “ricos”, una carencia afectiva, una crisis emocional.  Lo que no sabemos en esos casos es que para que desaparezca no debemos intentar cubrirla sino “verla y aceptarla”

Confusion

Esto es para reflexionar y aprender a detectar cuándo las situaciones nos desbordan y nos llevan a equivocarnos.  Un ser insaciable, desesperado, insatisfecho muestra síntomas claros de una emoción que está alterando de manera momentánea o permanente su existencia, llevándolo a cometer errores que tendrá que “pagar” tarde o temprano.

Del mismo modo, querer el poder eterno, la fama constante y pisar cabezas para lograrlo no garantizan más que seguir prisioneros de energías que nos destruirán y que nos harán tomar decisiones que lastimarán a muchos.

Quien esté pasando por esta situación debe enfrentarse consigo mismo y pedir ayuda, pues eso que pareciera ser un signo de cobardía es la señal más clara de su “valor”.  Solo un valiente es capaz de tragarse el orgullo, reconocer los errores cometidos y asumir que necesita de otros para recuperar el equilibrio perdido.

 

 

 

 

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