Eterna primavera


Si, ya sé que esto es imposible, pero que lindo sería si todos pudiéramos vivir un eterno renacer, un despertar con esa frescura que renueva.   Porque aunque truene o haga frió la primavera llegó para quedarse y su esplendor, aunque demorado, está cerca.

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Sé que todo es cíclico pero eso no implica que nosotros no podamos elegir internamente perpetuar aquello que nos hace bien.  Esa es una decisión que requiere de una gran inteligencia emocional.

Para alcanzarla debemos hacer uso de la Voluntad que, como un timón del alma, va dejando de lado los constantes deseos insatisfechos, los rencores que entorpecen nuestro paso y los duelos por cosas que deberíamos agradecer que no se hayan dado.

Aprender a pensar, a reflexionar ayuda a manejar el mundo emocional desbordado, podríamos decir que ésta es la gran tarea que debe realizar la humanidad.  Cada uno a su tiempo y con absoluta libertad.

¿Qué te hace bien?

¿Hacer qué cosa te carga de pilas y permite que el resto no sea tan pesado?

¿Cuál es ese pensamiento, sentimiento o acción que te vivifica?  

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Diría que no basta con que sea uno, debes encontrar otros, pequeños, sutiles, quizás insignificantes para cualquier mortal pero que a vos te colmen.

Sino, ¿qué sentido tiene la vida?

Una de las cosas que más me gustan es, saboreando un rico café con leche, conversar con mis amigas sobre nuestras experiencias de vida porque creo que me enriquezco cada vez que escucho a alguien que no sea a mí misma.

Los encuentros con la familia, incluso cuando no son del todo agradables porque igual nos permiten reflexionar sobre lo acontecido, intentando sacar lo mejor aunque cueste encontrarlo.

Y la primavera, que para mí representa el “estado del alma”,  sin calores abrazadores ni fríos intensos nos permite vivir en algo intermedio, calmo pero a su vez vigoroso que  “sacude” con su energía provocando bienestar.

Estaría bueno vivir no permitiendo que las inclemencias nos desbasten ni nos roben el tiempo primaveral que habita en nuestro interior.

Hace tiempo compartí con ustedes un pensamiento que me parece propicio volver a sembrarlo hoy, en este nuevo despertar:

“Aquel en cuyo corazón Dios se ha manifestado lleva paz, alegría y deleite donde quiera que va”

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Anhelo que este amanecer de la naturaleza traiga calidez a sus vidas y estas palabras los impulsen a convertirse, si así lo eligen, en eternos transmisores de esa vivencia.

 

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