Los niños


¡¡Cuántas cosas nos pueden enseñar!!

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Fíjense que con solo mirarlos despiertan una gran ternura en aquel corazón que aún late ante la inofensividad, provocando una sonrisa espontánea y sincera.

Un niño en una casa es una bendición, pues nos muestra permanentemente cosas para que copiemos o reavivemos de nuestro ayer.

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La niñez es un tiempo de vida plena, de esperanzas, sueños, aventuras, diversión, aprendizaje,  de reconocimiento propio y ajeno, de mirada abierta a lo diferente, de actitud expectante y feliz ante lo sorpresivo.  Es un ciclo de la vida enriquecedor.

Pero también es un período donde se reciben las impresiones emocionales del entorno familiar y social como si fueran bombas nucleares que desbastan todo a su paso.

Hace años dando una charla en una escuela a maestros pudimos con mi compañera lograr que comprendieran que cada vez que pisaban el aula llevando consigo un bagaje de enojos o frustraciones, aunque no emitieran palabra modificaban la calidad energética del ambiente y a los seres que allí estaban.

Violencia-escolar

Más aún, les explicamos que si sentían rechazo por la tarea que estaban realizando, el aula se terminaba convirtiendo en un campo de batalla, porque los niños son muy permeables a las vibraciones y como no las entienden las reciben a pleno y reaccionan, por ejemplo, haciendo lío o siendo violentos.

Todo lo que experimentamos emocionalmente nos acompaña como una mochila pesada que va haciendo estragos en cada rincón por el que nos movemos.

De ahí que sea imperioso que aprendamos a registrar lo que nos pasa dándole una salida correcta para no perjudicar a nadie, especialmente a seres inocentes e indefensos.

Si son padres, maestros, pediatras o cumplen alguna función que Copianse relacione con niños deben concienciar esa responsabilidad, no permitiendo que sus estados alteren el crecimiento físico, emocional y mental de los pequeños que tienen a su cargo.

Esto no tienen nada que ver con no equivocarnos, porque somos humanos y lo vamos a hacer hasta antes de partir de esta tierra pero es fundamental que nos comprometamos a estar más atentos para no dejar que nuestro temperamento modifique la psiquis de aquellos que recién están despertando a la vida.

Detengámonos a mirar a cualquier niño y dejemos que la hermosa  energía que lo habita nos inunde la mente y el corazón.  Así, aunque sea por un instante, volveremos a sintonizarnos con lo que alguna vez fuimos y quizás, si no ponemos tantos obstáculos racionales, podremos reanimar ese espíritu esperanzador y alegre que algún día al crecer se durmió dentro de nosotros.

Simpleza

 

2 Respuestas a “Los niños

  1. Hermoso Silvi y muy cierto!!!.

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