Que el pensar mal no nuble tu razón


nublada la razon Se han puesto a pensar cuántas veces creemos saber el por qué del actuar de la gente que nos rodea? ¿Cuántas veces suponemos conocer los móviles que los motivaron a hacer alguna acción? Y nos enojamos, sufrimos y acusamos sin siquiera estar seguros de lo sucedido.

El que esté libre de esto que arroje la primera piedra

Esta semana por una situación personal que tuve que atravesar me puse a reflexionar sobre cuántas veces me abre equivocado al suponer cosas y que distinto hubiera sido si me hubiese animado a preguntar cómo éstas fueron en realidad.

Que todo en nuestra mente nos cierre no implica que haya sido así.  En estos casos creo que el diálogo es la solución.  Ante la duda o la falsa certeza basada en nuestros pensamientos especulativos lo mejor es cara a cara, con respeto y buena predisposición, escuchando incluso lo que no nos gustaría oír, “hablar”.

dialogos

Hablando se entienden las personas” me decían en mi casa cuando era pequeña. Obviamente en esa plática debe haber de ambas partes sinceridad, apertura mental y muchas ganas de “reparar” lo que aparentemente se han roto.

No digo que sea fácil porque hacerlo implica:

  • Aceptar que el otro piense distinto
  • Bancarnos enterarnos que las cosas fueron de otro modo a como pensábamos y que nuestra elucubración mental no fue más que una serie de auto-engaños.

Pero si eso nos ayuda a crecer y fortalece nuestros vínculos bienvenido sea el sopapo jaja.

Las personas no actuamos mal porque somos malas, lo hacemos porque todavía nos quedan muchos defectos reconocidos o no por superar.  Cometemos errores porque las cosas nos pasan sin siquiera registrarlas.

Ser justos es una ardua tarea, para lograrlo debemos dejar de lado nuestras apetencias, gustos y disgustos, necesidades, conveniencias y mucho más en pos de hacer lo correcto. Intentarlo ya tiene su mérito.

emociones

Fundamentalmente evitar que nuestras emociones o el pensar mal nublen la razón. Porque cuando eso sucede las personas conocidas, queridas, con las que compartimos años se transforman en potenciales enemigos de quienes protegerse e incluso a quienes combatir.

Cuidémonos de entrar en estos agujeros oscuros que de un plumazo borran lo bueno y lindo vivido amargando nuestro corazón y alejándonos de  todo lo construido.

 

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