Un real servidor


Jorge CaravottaEsta es la historia de Jorge Caravotta, un médico graduado en la Universidad de Buenos Aires que lleva más de 20 años en misiones humanitarias alrededor del mundo.

Cuenta en la revista de Unicef que todo comenzó en 1991,  cuando estaba de vacaciones en Machu Picchu, Perú y se ofreció como voluntario para viajar a Guacho y Chimbote, el corazón de la cólera.  A partir de allí empezó un camino sin retorno que hoy lo llevó a Irak, donde es responsable de los niños sirios que escapan de la guerra y viven refugiados.

Es una zona donde los veranos y los inviernos son terribles pero aún en esas tremendas condiciones los pequeños participan de talleres de risa, teatro, coros y aprenden a tocar el violín con un maestro de música.

Cuenta que los niños permanecen en silencio por el estrés postraumático provocado por el recuerdo de sus padres y amigos de la infancia muertos;  que dibujan el mundo que vivieron: tanques de guerra, helicópteros y la sangre marcada en lápiz rojo.

Con ayuda de Unicef Jorge creo 14 escuelas, espacios amistosos en campos de mujeres y niños en los que no tienen acceso los hombres.

Expresa: “Desde mi lugar humanitario, no puede terminar de entenderse que la gente se siga matado por religiones, por ideología.  Y los que sufren, los que están en agonía son los niños”

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Se radicó por 7 años en la India, allí nacieron sus hijos y estuvo a punto de morir por el dengue.  Cuando le preguntan por qué hace esta tarea contesta:

“Uno convive con la atrocidad, con la sombra de la humanidad, pero el mandato de trabajar por los niños es tan sólido, tan apasionante, que no lo tenes que pensar mucho”.

Creo que gente como él ayuda a sanar un mundo enfermo de odio, de separatividad que permanece agónico e indiferente al sufrimiento de los más pequeños.  Por ellos debemos accionar para que nada ni nadie estropee sus preciosas vidas ni les impida realizarse como seres “humanos”.

Por cada dolor una sonrisa, por cada pérdida mucha gente que contenga, por cada carencia una nueva oportunidad.

GRACIAS  a JORGE y a todos los hombres y mujeres que dedican sus vidas a mejorar la existencia de los más necesitados.   Son una LUZ en el firmamento para todos nosotros.  Que Dios los bendiga y los proteja por siempre!!!

 

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