Ayer – hoy – mañana


¿En cuál de esos tres espacios queda detenido tu pensamiento la mayor parte del tiempo?  No es fácil contestar enseguida esta pregunta, salvo que seamos conscientes de lo que ocupó nuestra mente últimamente.

Hombre y el tiempo

El Budismo enseña que el hombre debe aprender a vivir con la conciencia puesta en el aquí y el ahora.  Por ejemplo: si está lavando el auto, cocinando o estudiando debe pensar en eso que está haciendo, no realizarlo en forma automática mientras resuelve qué hacer con la reunión laboral de mañana o se enfurece recordando lo que ese familiar le contestó ayer por teléfono.

Si lo meditamos bien llegaremos a la conclusión de que hemos perdido minutos, horas y hasta días dándole vuelta a situaciones que nunca ocurrieron, dejando aflorar un ramillete de temores, ansiedades, recuerdos, junto a un parloteo mental imparable que luego jamás llegó a asomar por nuestra boca.

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Muchos me dirán que es provechoso pensar cómo resolver problemas por adelantado, en eso estoy de acuerdo si lo hacemos en forma rápida, concreta y unos momentos antes de que se produzca la situación, pero el problema se instala cuando en lo único que pensamos es en eso y esa preocupación llega a alterar nuestro circuito emocional.

Traer recuerdos del pasado para resolver algo en el presente sólo es útil en la medida en que ese ayer no nos devore reflotando viejas huellas aún frescas e impidiéndonos vivir lo que hoy nos sucede con frescura y espontaneidad.

Vivir un pleno presente implica:

  1. Caminar sólo dando vuelta la cabeza hacia el ayer con el fin de no volver a cometer las mismas equivocaciones que tanto dolor nos trajeron y fundamentalmente trajeron a otros.
  2. Ir con los ojos bien abiertos, para que lo que “quiero o no quiero ver” no nos impida divisar lo que realmente pasa.
  3. Transitar con los oídos prestos a escuchar sonidos que ni nos lleven hacia atrás ni nos impulsen ansiosamente hacia adelante sino que nos permitan descubrir lo que ocurre en este instante.
  4. Estar sin preferencias, tratando de alejarnos de los esquemas establecidos por nuestros deseos y necesidades.
  5. No darle espacio a la mente para que albergue temores por adelantado ni falsas expectativas.
  6. Aprender que si quiero que algo cambie mañana debo tener una actitud distinta hoy.  Y que esto sólo concierne a lo que depende de mí, no a lo que hagan o dejen de hacer los demás.

Séneca enseñó:

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Perdemos el tiempo cuando vamos detrás de falsas ilusiones;  de dependencias que nos dominan sin dejarnos Ser;  cuando recorremos el camino de esta vida sin rumbo, sin objetivos ni propósitos;  cuando siempre esperamos que nos den, nos hagan o resuelvan.

El tiempo es un factor muy valioso en la vida de los hombres, aprovecharlo con sabiduría es parte de nuestro aprendizaje. ¿Cómo hacerlo?  Los dichos populares se han ocupado de enseñarnos a vivir sabiamente:

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”

Esto significa que el único tiempo real para aprovechar al máximo es este preciso instante.

Yo estoy escribiendo y reflexionando sobre pensamientos y la forma más práctica de aplicarlos a la vida cotidiana e intentando a cada paso poner en acción la doctrina en la que creo.

Y vos ¿en qué estás empleando este tiempo tan valioso de vida que tenes entre tus manos?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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